jueves, 27 de noviembre de 2008

Dos iniciativas trascendentes “Estado laico, democracia y libertades” y “La no discriminación y violencia contra las mujeres en México, una tarea pendiente

. jueves, 27 de noviembre de 2008

J.27.11.2008

El martes pasado se celebró en la Facultad de Derecho de la UNAM el seminario "La no discriminación y violencia contra las mujeres en México, una tarea pendiente", evento que fue el marco para poner en marcha una iniciativa singular: la materia de "género y derecho" ha sido incluida, con carácter obligatorio, en la carrera de leyes que ofrece la UNAM y, por tanto, en todas las universidades que tienen un plan de estudios incorporado.

Para las mujeres y para el país significa un avance histórico —precisamente en el día internacional de la lucha para eliminar la violencia contra las mujeres—, porque es el resultado de un largo y sostenido esfuerzo en este campo, y porque es la primera vez que la institución de educación superior más importante de México y América Latina mira hacia las mujeres y modifica su plan de estudios, en busca de pensar y realizar un derecho más equitativo y más contemporáneo.

Coincidentemente, el miércoles 26 se desarrollaban, en la Cámara de Diputados, los trabajos del Seminario Internacional "Estado laico, democracia y libertades" que, auspiciado por un grupo numerosos de diputadas y diputados de todas las bancadas (entre los que me encuentro) y por diversas organizaciones de la sociedad civil, forma parte del esfuerzo en curso por elevar a rango constitucional la condición laica del Estado mexicano.

Entre los ponentes y comentaristas se manifestaron muchas e importantes coincidencias, entre otras cosas, que la defensa del Estado laico es la defensa de las libertades fundamentales que éste representa y garantiza; los principios en que se basa el Estado laico son, entre otros, la libertad religiosa como parte de la libertad de conciencia; la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley (igualdad de trato) y la universalidad de la acción de las instituciones públicas.

Dicho de otra manera, el Estado es neutral ante las diversas confesiones religiosas, y por tanto se declara incapacitado para privilegiar a una (aunque sea mayoritaria) por sobre las demás. La gran paradoja, como lo señalaron varios estudiosos, es que no hay libertad religiosa más que en presencia del Estado laico. El Estado confesional es sinónimo de ausencia de libertad religiosa, al establecer un privilegio público y legal para una confesión particular.

Por ello, el Estado laico es el único que, por definición, garantiza la convivencia pacífica y armoniosa de la pluralidad de creencias y opciones religiosas o filosóficas y, por tanto, la paz social. Quedó claro también que México, con las Leyes de Reforma, fue pionero mundial en el establecimiento de los fundamentos del Estado laico, laicismo que fue refrendado en su momento por la Revolución mexicana. La primera en decretar la separación entre el Estado y la Iglesia fue la Revolución francesa, pero ello duró poco ante el ascenso del primer Bonaparte.

En el seminario quedaron claros, con el ejemplo de Argentina, los riesgos que conlleva un Estado que, si bien no es abiertamente confesional, por tradición privilegia la relación con la Iglesia católica, y cuya clase política es tendencialmente confesional. En esas condiciones, incluso legislaciones avanzadas se aplican (o no) en función de la ideología o el humor del funcionario responsable. Recuérdese que hasta no hace muchos años, el divorcio estaba prohibido por las leyes en países como Chile, Italia y la misma Argentina.

Ahora bien, ¿por qué es necesario elevar a rango constitucional el carácter laico del Estado mexicano, si existen numerosos señalamientos, tanto en la Constitución como en las leyes secundarias, que apuntan en esta dirección?: porque la Constitución es la ley de leyes, la máxima norma jurídica del país, y consagrar en ese nivel la laicidad sería poner un valladar muy alto a quienes se esfuerzan por echar para atrás avances fundamentales en el derecho a decidir y en la autonomía de las personas.

Como lo señaló con agudeza Roberto Blancarte, con reforma constitucional o sin ella, el proceso de secularización de las instituciones y la sociedad mexicana es irreversible, pues responde a causas muy profundas, de carácter social y cultural, tendencias que son además de alcance mundial. Sin embargo, la reforma ayudaría a agilizar estos procesos civilizatorios y a evitar golpes retardatarios.

Pues finalmente el laicismo corresponde a un Estado cuya misión es promover lo que es común a todos, independientemente de si éstos son católicos, protestantes o ateos. Por ello, el voto de las bancadas en torno a esta iniciativa mostrará sin duda cuánto hemos avanzado en una visión democrática y secular, y cuanto pesan aún las visiones integristas, confesionales.

dcarrasco@milenio.com

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