Martes 15 de octubre del 2012
Carlos Ernesto Sánchez
Presidente de la ONG Centro de Estudios del Medio Ambiente y Defensa de los Animales
Bernardo Bastres no puede seguir como Obispo de la austral Diócesis. El capital de un Obispo no es cuánto dinero tiene, sino su autoridad moral, el ascendiente que tiene en sus feligresía, Bastres al ser insultado al ritmo de gritos de ¡asesino! e intentar ser linchado como un vulgar delincuente, es evidente que no tiene nada más que hacer en la Iglesia de Punta Arenas.
Escandalosas –por decir lo menos- resultan
las declaraciones del Obispo de Punta Arenas, Bernardo Bastres. La
costumbre indicaba que al prelado se le llamaba “Padre Obispo”. En el
caso de Tomás González, era una realidad llamarlo Padre. El sacerdote
salesiano día a día se jugaba la vida defendiendo a las víctimas de la
dictadura de Pinochet, tanto en esas lejanas tierras, como desde el
episcopado.
Llamar “padre” a Bastres es ironía. Las declaraciones de este Obispo
en un diario local pidiendo la muerte de perros vagos, convierten a este
individuo en mal ejemplo para la sociedad.
No es posible llamar padre a
quien públicamente pide la muerte de 18.000 perros que vagabundean por
las calles de la austral ciudad.
El fulano de marras no hace un mea culpa, porque su institución desde
el púlpito no ha educado en el respeto a los animales y a todo ser
viviente. Jamás he escuchado una palabra condenando el maltrato animal,
menos implementando una pastoral de los animales, donde se eduque y
proteja a los animales abandonados.
El Obispo plantea que los perros vagos deben ser eliminados porque
representan un peligro para la sociedad.
Con la misma lógica debemos
asesinar, exterminar, envenenar a los curas que han abusado de menores.
Ellos realmente son un peligro para la sociedad y muchas veces
–demasiadas– bajo el amparo y silencio de la iglesia que regenta
Bastres.
Este obispo de presencia pulcra eclesial, no es más –como otros- que un funcionario de la multinacional iglesia católica.
Hace un tiempo y frente al silencio de la Iglesia en el crimen de
Daniel Zamudio, escribí mi carta renuncia a la Iglesia Católica. Hoy no
sólo reitero esa posición, sino espero en el Dios de la vida, que de
esta institución no quede viga sobre viga, y desde esos escombros se
levante la iglesia de los pobres y marginados, del amor, comprometida
con la creación completa, con todo lo que respira.
Desafío al Obispo que quiere manchar sus manos con la sangre de los
perros –seres creados por Dios- para que levante la mirada y vea cómo el
pontífice y obispo de Roma ama los animales, especialmente perros y
gatos.
Sus palabras, Obispo Bastres, lo inhabilitan para seguir consagrando y
dando la comunión. El Lazo de unidad en esta comunidad llamada iglesia
lo ha quebrado, con el insano llamado a exterminar los perros vagos que
deambulan por las calles de Punta Arenas.
Sé que la gente de esa austral ciudad no acogerá el llamado del
obispo para asesinar perros que fueron dejados en las calles por seres
tan descriteriados como el señor Bernardo Bastres.
Es hora que la Iglesia quite el micrófono a estos personajes, que
cuando abren la boca es para alejar más a los pocos creyentes que aun
confían y esperan de la multinacional de la fe y los sacramentos.
El tema de los perros –el ignorante prelado debería saberlo- no pasa
por eliminarlos, pasa por educar, por asumir la tenencia responsable,
por castrar o esterilizar a los animales callejeros, no por
abandonarlos.
La iglesia no está en condiciones de seguir escandalizando y alejando
a la feligresía. Es la hora del encuentro. De salir de sí y sus títulos
nobiliarios y reencontrase con los pobres, con la vida, con los
sufrientes.
Bastres no tiene mi respeto, hasta cuando reconozca que sus palabras
están equivocadas, cuando pida perdón y repare el daño causado.
La creación total es el canto a Dios, su creador. Amo a Dios y cada
una de sus creaturas, ello hace que lo alabe y bendiga. Lo otro, lo que
digan pelafustanes con sotana, es palabreo hueco busca tribunas para
susurrar, aún estamos vivos, sobrevivimos. Lo hacemos sin Dios, sin
hermanos, sin locura del evangelio. Triste realidad Bernardo Bastres.
Los hechos posteriores, donde una multitud entró a la iglesia
catedral protestando en contra del Obispo y con actitudes de querer
lincharlo, son el resultado de declaraciones imprudentes de este señor.
Las imágenes mostrando a seminaristas y diáconos, ofreciendo golpes a los protestantes son un pésimo ejemplo.
La nunciatura debe tomar cartas en el asunto. Bernardo Bastres no
puede seguir como Obispo de la austral Diócesis. El capital de un Obispo
no es cuánto dinero tiene, sino su autoridad moral, el ascendiente que
tiene en sus feligresía, Bastres al ser insultado al ritmo de gritos de
¡asesino! e intentar ser linchado como un vulgar delincuente, es
evidente que no tiene nada más que hacer en la Iglesia de Punta Arenas.
Fuente:
http://blog.lanacion.cl/2013/01/14/bernardo-bastres-y-los-perros-asesinados/
CONTINUAR LEYENDO »»