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miércoles, 26 de enero de 2011

Consigan al reclusorio Oriente al “obispo de la Santa Muerte”

. miércoles, 26 de enero de 2011
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miércoles 26 de enero del 2011. MÉXICO, D.F

David Romo Guillén, autonombrado “obispo de la santa muerte” y con otras cinco personas integrantes de la banda de plagiarios “Los Aztlán”, fueron consignados al reclusorio Oriente, acusados del delito de secuestro, del informó hoy la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF).



David Romo, autonombrado “obispo de la santa muerte”.

Los consignados son, demás de Romo Guillén, Ismael Ramírez Brito, El Aztlán, presunto líder de la bdna; Víctor Antonio Montes de Oca Cervantes, Rafael Fernández Garnica, Luis Alberto Martínez y Meribett Morales Delgado.

La PGJDF informó que los seis presuntos secuestradores quedaron a disposición del juez 19 Penal con sede en el reclusorio Oriente, luego de 20 días de arraigo, tras su captura el pasado 4 de enero.

El “obispo”, El Aztlán y sus cuatro presuntos cómplices serán procesados por el delito de secuestro en agravio de dos personas de la tercera edad, familiares del diputado federal Armando Río Piter, perpetrado el 14 de diciembre de 2010, según la causa penal 242/2010.

El pasado 4 de enero, Romo Guillén y otras siete personas fueron detenidas y puestas en arraigo. Dos semanas después, el 17 de enero, la esposa del “obispo de la santa muerte”, Claudia Ivonne Cortés navarro, de 40 años de edad, y Adriana Salomé Gallegos Olmos, de 46, quedaron en libertad por falta de pruebas.

El día de la captura, la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal informó que los detenidos se hacían pasar como integrantes del grupo criminal Los Zetas para exigir rescate a sus víctimas.



Fuente:
http://www.proceso.com.mx/rv/modHome/detalleExclusiva/87652


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domingo, 19 de abril de 2009

¿Quién le teme a la Santa Muerte?

. domingo, 19 de abril de 2009
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19 abril 2009 México

Diego Petersen Farah

¿Qué tiene de particular el culto de la Santa Muerte? Nada, en realidad, nada. El que entre los practicantes de este culto existan pandilleros y narcotraficantes no la hace distinta ni siquiera especial. Si la calidad moral de los feligreses fuera motivo de suspensión de un culto, hace rato que los grandes cultos, el católico, el judío, el islamita, debieron haber desaparecido del mapa.

http://sanlamuerte.net/fotos%20santito/san%20la%20Muerte%20de%20Mistico%20y%20Creativo%20(22).jpg


Por simple estadística hay muchos más narcos católicos y, sobre todo, guadalupanos, que seguidores de la Santa Muerte. ¿Cuál es la diferencia entre que un delincuente de cuello blanco, de esos que pululan en la bolsa de valores, le rece a San Nicolás de Bari, patrono de la fortuna, o que un pandillero le rece a La Santa?; ¿cuál es la diferencia entre ésto y que un pollero o un mojado se encomiende a Santo Toribio Romo? Aunque Felipe Calderón haga una apología de nuestros migrantes (el jueves dijo que era lo mejor de México, los más fuertes, los más valientes, los más audaces), los gringos bien podrían decir que es un culto asociado a una actividad ilícita (el tráfico de personas y la migración ilegal) y que, por lo tanto, detrás de cada estampita de Toribio hay un delincuente en potencia o la promoción de un acto ilícito. Cualquier persona con dos dedos de frente dirá que esto es un absurdo y que en todo caso no tiene la culpa Toribio, sino el que lo hizo patrono.


¿El problema es entonces el contenido del culto de la Santa Muerte? Con la novedad de que el culto a la Santa Muerte no es distinto a los cultos populares católicos, esos que la jerarquía prefiere hacer como que no existen, pero que ahí están en todos los barrios, en todos los pueblos. A la Santa Muerte se le reza el rosario, se le hace su fiesta patronal, se le llevan flores, etcétera. Tiene también algunos elementos similares a los cultos de las cofradías del sur de México o a las de Maximón en Guatemala, donde son los propios feligreses quienes se encargan de mantener y oficiar el culto en casas y al que se le hacen algunas ofrendas que a los citadinos nos podrían parecer extrañas, sacrificio de animales, licor, tabaco y mariguana.


El culto “moderno” a la Santa Muerte tiene un primer indicio en Orizaba, Veracruz, en el siglo XIX, pero más cercano hacia 1965 en el estado de Hidalgo, inmediatamente después desapareció. En los 70 se revive en Catemaco, Veracruz, cuado la muerte se apareció en una barda de madera en forma de humedad. Los habitantes del pueblo pidieron al cura que autentificara el milagro, pero éste dijo que la aparición de la muerte era obra de Satanás, con lo cual una vulgar mancha de humedad en las tablas cobró un significado totalmente distinto (en eso de promover al enemigo hay curas que se pintan solos). La Santa Muerte tomó fuerza en la Ciudad de México, en el barrio de Tepito, donde doña Queta, una vecina del lugar, comenzó a venerarla y practicar el culto a La Santa. Un personaje de nombre David Romo, a quien se reconoce como arzobispo de La Iglesia de la Santa Muerte (oficialmente Iglesia católica Tradicional Mexicana, USA), trató de institucionalizar el culto e incluso registrarlo como Asociación Religiosa (AR), pero nunca ha podido porque no ha logrado siquiera sistematizar una doctrina y cada año cambia las visión de su AR


según la creencia de moda. Contrario a lo que promueven sus practicantes de que se trata de la recuperación de un culto indígena (lo indígena está de moda) Elsa Malvido y Katia Perdigón han documentado que el realidad la devoción a la Santa Muerte es un rito católico de la época colonial y que tenía que ver con la preparación para el bien morir.


Aunque el culto está muy localizado en los estados del centro del país y los de la frontera, en los últimos años la muerte comenzó a invadir los mercados populares e incluso los de artesanía. Hoy, uno puede encontrar muertes de todos tamaños, de todos los materiales (pasta, arcilla, madera) y en todos los colores, aunque cada una sirve para distintas cosas: la dorada para el dinero, la verde contra los problemas legales, la amarilla para problemas menores, etcétera. (Hoy me entero que la roja, que es la que yo tengo, sirve para atraer la pasión, aunque otros dicen que sólo es buena para espantar sobrinos, pues para otros la roja no tiene ninguna cualidad específica).


A las autoridades policiales les espantó que la Santa Muerte comenzara a invadir las carreteras. Una cosa es que haya cruces, en honor a los muertitos, y otra que comiencen a aparecer en los lugares menos esperados imágenes de la muerte con veladoras, rosas blancas, manzanas rojas, cigarros, inciensos y botellas de tequila. Finalmente, en Tamaulipas, después de varios meses de discusión sobre el tema, la policía decidió arrasar con 34 capillas. El argumento es que estaban invadiendo el área federal, pero no tocaron una sola de las cruces y seguramente tampoco de las pequeñas capillas de culto católico que hay a lo largo de todas la carreteras del país y que son expresiones de religiosidad popular.

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj3l05ZuziprgaVep4LPCr-o8HGZQocFdyQ0K2NyYUdU4ZXFYKvViYztpKYziZ-lAtsUS_shqLYTzd8jOIZlXdxky6fSpoaJfPrJMlSecQR3zSzPc3FiixLXOPW_X6ieDYWhWBlFlem5i2q/s400/laguna+santa+maria+del+oro+(22).jpg

La persecución a la Santa Muerte es un asunto absolutamente ideológico y cuyo único resultado será el incremento de la difusión y de la práctica de este culto perseguido por un prejuicio convertido en argumento.


¿Quién teme a la Santa Muerte? La ignorancia.


diego.petersen@milenio.com


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lunes, 3 de noviembre de 2008

El ‘sacerdote’ de la Muerte

. lunes, 3 de noviembre de 2008
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Lejos de la ostentación con la que caracterizó su corta vida, de sólo 26 años, la tumba del predicador radiofónico del culto de la Santa Muerte —Jonathan Legaria, Comandante Pantera— luce un catafalco en forma de casita de muñecas cuyo techo de dos aguas apenas rebasa los 30 centímetros.


Una discreta sepultura para un hombre que cobró fama al edificar en un céntrico barrio de Tultitlán, México —sin permiso municipal alguno— un “santuario de la fe” con 38 metros de altura, creado para adorar al icono de una secta que se comenta que entre sus adeptos, ha venido atrayendo a narcomenudistas, secuestradores y demás delincuentes urbanos.



Jonathan, también conocido por sus radioescuchas como ‘Padrino Endoque’, frustró su meta de convertirse en arzobispo o primer líder de esa cofradía, al ser ejecutado por desconocidos, mientras conducía una camioneta Cadillac último modelo, cuyas portezuelas mostraban imágenes de la llamada ‘Niña Blanca’. Ello ocurrió el pasado 31 de julio.


Ráfagas de calibre 9 milímetros, cortaron de tajo la existencia del catequizador, al igual que la de una de las dos jóvenes que lo acompañaban, Marisol Montoya de 24 años.


Un suceso que hasta hoy no ha podido aclarar la Procuraduría de Justicia del estado de México, pese a la exigencia y ofrecimiento de recompensa por parte de la madre de Jonathan, Enriqueta Vargas.


“Mi hijo no era traficante, adicto, ni nada negativo”, jura la mujer, quien con el apoyo de la joven viuda, Constantine, debió adquirir por 88 mil 320 pesos —un día después del homicidio— una pequeña tumba en el panteón Jardines del Recuerdo, en Tlalnepantla.


Adornando su fosa (número 100-3 del área: El Perdón de los Pecados) una diminuta efigie de la Santa Muerte, al igual que una fotografía, permite recordar a este hombre que, además de su culto, amaba los autos de lujo.


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miércoles, 22 de octubre de 2008

El país de la Santa Muerte

. miércoles, 22 de octubre de 2008
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05 de octubre de 2008 Jean Meyer


Un creyente de la Santa Muerte ofrece el humo del cigarrillo de marihuana a un esqueleto vestido de virgen, en el popular "barrio bravo de Tepito" en Ciudad de México. La celebración mexicana de la Santa Muerte es un culto a la violencia y al narcotráfico.


A propósito de un libro de antropología publicado sobre el culto a la Santa Muerte, un amigo me hace notar que decir “la Santa Muerte” es como gritar ¡Viva la muerte! Y que es lo que hacen, consciente o inconscientemente los criminales, asesinos, sicarios, matones o como quiera usted llamarlos, que lanzan granadas a la muchedumbre inocente (perdón, un paréntesis, un famoso bandido francés, dizque anarquista, un tiempo muy popular por un romanticismo irresponsable del cual uno termina arrepintiéndose, demasiado tarde, contesta al juez que le pregunta “¿Por qué lanzó usted la bomba en el café si esa gente era inocente?”: “Nadie es inocente”. Fin de paréntesis), lanzan granadas en Morelia, avientan cabezas, torturan, mutilan, desfiguran sus víctimas, inocentes o no.

¿Y por qué no lanzar una granada en medio de esa gente p… que no vale nada? Es un antojo y ¡viva la Santa Muerte! No es el ¡viva la muerte! del general español compañero de Franco, grito bastante siniestro al cual contestó valientemente Miguel de Unamuno. No, es un grito mucho más siniestro, de ser posible.


Siniestro como el “Zamora se borra del mapa”, comentario terrorífico, equivalente a una narcomanta, reproducido en un gran diario capitalino. En Zamora, Michoacán, se descubrió un explosivo en el centro de la ciudad y luego vino ese discurso. “Raza, ya no pongan dedos, los corchos no pagan, Zamora es la punta de la mecha donde la última letra se va a arrepentir de haber venido y ni el gallito ni el teniente coronel los van a salvar. Vamos a tumbar a ario y la cale por proteger costrosos, la guerra inicia… Jacona, te vas a quedar sin estrellas, va a ver (sic) puesto vacante pronto… Zamora se borra del mapa”.


Y, de repente, despertamos en una sociedad asustada, entrampada en sus temores más que fundados, porque nadie puede acusar a los mexicanos de ser miedosos; tardó en llegarnos el miedo porque cuando el agua empezó a subir hace más de 20 años, no hicimos caso. No faltaron los profetas que gritaron ¡cuidado con el narco! No los escuchamos, pensando que era cosa de la sierra de Guerrero o de Coalcomán o de las serranías de Sinaloa y Chihuahua, cosa del subdesarrollo, pues.


Ya el agua subió a los aparejos y somos noticia mundial (“Bajo el terror del narco”, “México salvaje”, en El País del domingo 28 de septiembre, cuatro planas completas), por más que nuestros amigos gabachos reconozcan a la vez: “México sigue siendo un país amable, exquisito en las formas, de una belleza difícilmente igualable y quizá, a partir de ahora, concienciado del peligro que el narco entraña para su desarrollo”. Documentan las estadísticas de la “Santa Muerte” en acción, de nuestra histórica corrupción no sólo policial, sino política, abren viejos expedientes, mencionan nombres de gobernadores, ministros, generales, almirantes…


Frente al espectáculo de la Santa Muerte, el historiador recuerda cuan indispensable es el Estado. En su larga prehistoria homo, mal llamado sapiens, perdió poco a poco las conductas complejas instintivas, en especial la de la barrera de no agresión en el seno de la especie; el lobo, fuera de la época de celo, no ataca al lobo, pero el hombre es un lobo para el hombre. Había de 10% a 15 % de defunciones por muerte violenta antes del surgimiento del Estado, menos de 1% desde que el Estado monopoliza el uso legítimo de la fuerza y que, entre las naciones, la guerra formal institucionalizó la violencia. Con la llegada de la Santa Muerte frente a un Estado débil o debilitado, la violencia resurge con gran ímpetu. Y con ella el miedo.


El miedo es tan viejo como la historia de la humanidad; pregunten a sus ancianos qué les contaban sus padres de la vida en México cuando, después del asesinato de Madero, empezaron a cabalgar los cuatro jinetes del Apocalipsis. Cuando desapareció el Estado, millones de mexicanos pacíficos fueron presas del miedo cotidiano, un miedo justificado porque la Santa Muerte andaba suelta.


“El ángel exterminador giraba alrededor de México como el sol alrededor del globo”, me contaba don Luis González, el padre de nuestro querido historiador, también Luis González, al evocar la llegada de las hordas de Inés Chávez García. ¡Cuál revolución ni que nada! Violencia pura. Cuando los crímenes, especialmente los crímenes de cierto tipo, se acumulan en un lugar, chico o grande, tarde o temprano llega el ángel exterminador. Hay todavía un poco de luz en nuestra sociedad. Tenemos que caminar para que la noche no nos caiga encima.


jean.meyer@cide.edu

Profesor investigador del CIDE


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sábado, 2 de agosto de 2008

La Santa Muerte

. sábado, 2 de agosto de 2008
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El culto a la Santa Muerte ya es un fenómeno social que espera ser estudiado a profundidad. La creciente devoción se ha nutrido de un vastísimo sincretismo religioso mexicano que entreteje lasraíces prehispánicas con el catolicismo barroco español y trazos de santería.

La identidad de la Santa Muerte es heterogénea y ambigua porque esta deidad refleja y es expresión de sectores excluidos por la sociedad como es el mundo de la economía informal. Particularmente en los últimos 15 años se ha generado una multiplicación de centros de veneración, casas y templos improvisados y, sobre todo, alto consumo de artículos relacionados con imágenes, fetiches y representaciones que se venden en mercados populares, como el de Sonora en la ciudad de México, y en tianguis. Ahí se pueden comprar yerbas, veladoras y artículos religiosos para combatir el "mal de ojo" y brujerías inimaginables.


La devoción a la Santísima Muerte aparece en el comercio popular junto con las imágenes de los santos tradicionales, se manifiesta como una advocación contendiente y alternativa al catolicismo popular. A través de un sincretismo religioso funde antiguos cultos mesoamericanos a la muerte con chamanismos y oraciones y rezos para pedir favores.


El retiro del registro como asociación religiosa a la Iglesia Católica Tradicional México-Estados Unidos, Misioneros del Sagrado Corazón y San Felipe de Jesús volvió a colocar en el centro del debate el tema de la Santa Muerte. Según la Subsecretaría de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación dicha asociación cambió su objeto religioso de catolicismo tradicional con culto tridentino por la advocación a la Santa Muerte, violando el artículo 29 de la ley de asociaciones religiosas.


Su antiguo apoderado, David Romo Guillén, afirma que Gobernación ha cedido a presiones de la jerarquía católica, que busca desesperadamente posicionar a san Juan Diego como referencia central entre campesinos, indígenas y sectores populares. Preocupada por la pobre recepción del indio del Tepeyac, la Iglesia católica busca minar el culto hasta ahora vigoroso y dinámico por la Santa Muerte. Según Romo Guillén, se pretenden perpetuar las devociones guadalupanas para regir los sentimientos religiosos del pueblo mexicano. Sin embargo, la advocación por la Niña Blanca, como también se le conoce, rebasa el alcance de la Iglesia tradicionalista de David Romo Guillén, ya que existen diversas inclinaciones hacia la Santa Muerte, que van desde las comercializantes y las santeras hasta las demoniacas.


La base social del culto está integrada por personas de escasos recursos, excluidas de los mercados formales de la economía, de la seguridad social, del sistema jurídico y del acceso a la educación, además de un amplio sector social urbano y semirrural empobrecido. Hay que destacar que parte importante del mercado religioso de la Santa Muerte está constituida por los ambulantes, sobre todo del Centro Histórico de la ciudad de México, así como por los circuitos del narcomenudeo, redes de prostitución, maleantes y carteristas.


Homero Aridjis destaca a propósito de su novela más reciente, La Santa Muerte, que en ella se evidencian los dos Méxicos que concurren ante el fenómeno: "El de la gente que pide favores o milagros para tener trabajo, salud o comida, y el de los hombres del poder económico, político o criminal, quienes curiosamente le solicitan venganzas o muertes".


Existe, pues, una plurifuncionalidad religiosa. Los actores que viven al margen de la ley se han posesionado de la dimensión simbólica de la deidad: no se trata solamente de la devoción popular de sectores socialmente marginados de la sociedad, sino de actores emergentes de la exclusión social. Muchos investigadores tienen la percepción de que la devoción por la Santa Muerte sustenta religiosamente a aquellos sectores delictuosos dominantes que actúan al margen de la ley, creando códigos propios de organización y de poder simbólico que los legitima en ciertos sectores de la sociedad.


Narcotraficantes, ambulantes, taxistas, vendedores de productos pirata, niños de la calle, prostitutas, carteristas y bandas delictivas tienen una característica común: no son muy religiosos, pero tampoco ateos; sin embargo, abonan la superstición y la chamanería. Crean y recrean sus propias particularidades religiosas con códigos y símbolos que nutren su existencia, identidad y prácticas. Así como los narcos han tenido cultos particulares, como Valverde, muchos otros grupos delictivos, como la Mara Salvatrucha, se han refugiado en la Santa Muerte, imagen que los representa y protege porque es una deidad funcional, acorde con sus actividades, ya que violencia, vida y muerte están estrechamente unidas.


El factor religioso es, entre otras, expresión de la vida cotidiana. Las creencias reflejan de manera nítida las diferentes expresiones culturales, políticas y la organización social vivida o deseada. El culto creciente por la Santa Muerte manifiesta el tipo de país bipolar que hemos venido construyendo; la Santa Muerte revela, asimismo, prácticas sociales subterráneas que existen muy a pesar de lo que Pablo González Casanova denominó en los años 60 "las buenas costumbres", es decir, la moral católica occidental predominante.

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jueves, 31 de julio de 2008

Falla Niña Blanca al Comandante Pantera

. jueves, 31 de julio de 2008
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LMDP:Les dejo este pasaje biblico, ojala les sirva a comprender un poco sobre este tema
Salmo 115:4
Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres.
5 Tienen boca, pero no hablan; tienen ojos, pero no ven;
6 orejas tienen, pero no oyen; tienen narices, pero no huelen;
7 manos tienen, pero no palpan; tienen pies, pero no andan, ni hablan con su garganta.
8 Semejantes a ellos son los que los hacen y cualquiera que confía en ellos.
9 Israel, ¡confía en Jehová! Él es tu ayuda y tu escudo.




"La Niña Blanca" no le hizo el milagro. Ni siquiera ella le salvó la vida.
El "Comandante Pantera" o "Padrino Endoque", líder del templo a la Santa Muerte ubicado en Tultitlán, murió acribillado en su vehículo cuando circulaba por la vía López Portillo, ataque que provocó lesiones a una de sus acompañantes y otra resultó ilesa.



En diciembre pasado, un monumento a la Santa Muerte, de 22 metros de altura, fue erigido a un lado de la vía López Portillo, en la colonia Santa María Coatepec.



Desde entonces el "Padrino Endoque" encabezaba ahí las misas en honor a la "Niña Blanca", celebradas los domingos ante cientos de seguidores.



Con pupilentes verdes, piel extremadamente cuidada, vestimenta negra o blanca y collares multicolores, el también conocido como "Comandante Pantera" consolidó su iglesia en Tultitlán, perteneciente al Grupo Santa Muerte Internacional, templo que fue inaugurado oficialmente el 27 de enero del 2008.



Fieles del lugar señalan que sobre todo las mujeres se acercaban al "Padrino Endoque" para platicar sus problemas y pedir ayuda, quien las remitía con sus ayudantes y programaba citas para atenderlas personalmente en el templo de Tultitlán o en sus instalaciones del Distrito Federal.



Las misas se oficiaban los domingos a mediodía y los asistentes llegaban con imágenes de la Santa Muerte, de todos tamaños y materiales.



En el lugar imperaba una mezcla misteriosa de olores, entre ellos incienso y tabaco, mientras se escuchaban cantos gregorianos.



Había ceremonias de sanación y limpias de purificación con ramas de pirul. También los ayudantes del templo aspiraban puros y arrojaban el humo en la cara a los asistentes.



Muchos fieles usaban vestimentas oscuras, imágenes pequeñas de la Santa Muerte al cuello y collares de colores. Algunos llevaban tatuajes.



El gobierno de Tultitlán informó que estaba en proceso la demolición de tres locales construidos a la entrada del templo a la Santa Muerte, toda vez que la dueña del predio, María de los Ángeles Montes Vázquez, no mostró la licencia de construcción expedida por el ayuntamiento.



Las autoridades municipales colocaron igualmente sellos de suspensión en el templo a la Santa Muerte, ya que no contaba con licencia de uso de suelo para operar con fines religiosos, a pesar de lo cual el lugar siguió utilizándose para rendir culto a la "Niña Blanca".



Fieles del templo aseguran que la Santa Muerte es "muy milagrosa" y los ayuda incluso en casos extremos, por eso muchos de sus adoradores son personas con "oficios" peligrosos, como ladrones y policías judiciales, aunque también hay comerciantes y de todos los sectores sociales.


Daniel Arizmendi, alias "El Mochaorejas", tenía un altar a la Santa Muerte que alumbraba con una veladora en la vivienda del fraccionamiento Ciudad Brisas de Naucalpan, el cual ocupaba cuando fue detenido en 1997.



La protección de la Santa Muerte también falló en el caso del "Padre Endoque" o "Comandante Pantera". O tal vez no, simplemente la "Niña Blanca" prefirió tenerlo a su lado.
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